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Un malentendido

De fondo en la tormenta sus tacones se escuchaban. Entró en la habitación. El pelo detrás de las orejas dejaba ver dos diamantes. Le dio un...

viernes, 16 de junio de 2017

Un malentendido

De fondo en la tormenta sus tacones se escuchaban. Entró en la habitación. El pelo detrás de las orejas dejaba ver dos diamantes. Le dio un beso y le miró expectante. Él se quedó en silencio, sin moverse. Entonces suspiró decepcionada. Se dio la vuelta y empezó a cambiarse. 

El vestido se descolgó desde sus hombros rozándole la piel; sin embargo él solo veía los pendientes. Demasiado lujosos para alguien como ella. Una dependienta de Mango no valía unas joyas así.

En ese instante, varios nombres atravesaron su mente. Compañeros de los que le había hablado, pero ninguno le convencía. Se los debía de haber regalado alguien que no era del trabajo. Alguno de esos hombres que, enseñando lo hinchada que tienen la cartera, conquistan a cualquier mujer.

¿Cómo podía haber caído en ese juego? Sus labios empezaron a torcerse en una mueca de asco. Ella, que acababa de salir del baño, le miró desconcertada. Los diamantes resaltaban la culpa en sus pómulos limpios de colorete.

Tras unos minutos de incómodo silencio, se levantó de la cama, sacó la maleta del armario y le pidió que se marchara. El desconcierto de antes se convirtió en incredulidad y varias lágrimas quedaron colgadas de sus pestañas.

   De fondo en la tormenta ahora se escuchaba el arrastrar de la maleta. Su mujer caminaba despacio, pero cada paso la alejaba más de él, de la vida que hasta ahora habían compartido. 

Entonces, sonó el móvil. Era la hermana de ella.

––¿Diga?

––Hola, ¿qué tal? Oye, ¿te ha dicho Miriam si le han gustado los pendientes que le he regalado de cumpleaños esta tarde?